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Los astronautas
Un arco tenso,
un arco convulso
impulsa una estela rancia,
fisura la tarde del barrio,
los baldazos de las vecinas neuróticas,
el saludo hemipléjico de un anciano,
la esquina donde Armstrong robo un beso
mientras Collins lo esperaba con un palo
a la vuelta,
ella quiso más,
entonces fueron tres,
ella, Armstrong y Collins,
en una pensión al lado de mi casa,
una madrugada del setenta y siete
los vinieron a buscar a patadas,
empujando puertas,
con ese impulso convulso,
con esa muerte de palabras.
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